La iniciación

I. A MANERA DE INTRODUCCIÓN

En este burilado corresponde hacer algunas apreciaciones sobre el que, siendo a la vez, el primer acto, podríamos calificar sin temor a equivocarnos, como el acto más trascendental en la vida de todo Masón por cuanto, sin importar el Grado que se ostente, queda registrado en forma indeleble en nuestras mentes y corazones.

Considerando nuestra experiencia personal y con sustento en lo que venimos investigando trataremos de esbozar algunas líneas sobre lo que estamos comprendiendo respecto del significado de la Iniciación, que condiciones debiera reunir el profano que pretenda acceder a ella y por ende a la Mad:.Log:., así como reflexionar sobre sus alcances, a partir de la premisa de que se trata de un proceso que trasciende la ceremonia concreta como acto performativo que permite al candidato profano devenir en A:.M:.

II. APUNTES SOBRE EL SIGNIFICADO DE LA INICIACIÓN

La Iniciación le confiere al recipiendario el beneficio de la Verdadera Luz, esto es, por medio de ella, el candidato nace nuevamente en el seno de la que en adelante será su Mad:.Log:. pasando de la obscuridad del mundo profano a la Luz de la Francmasonería, es decir, al conocimiento de la Verdad, la misma que se manifiesta, no por mera generación espontánea, sino más bien, mediante el estudio permanente.

Al respecto, Eduardo Callaey (Callaey, 2004) hace referencia al “Viaje Iniciático” como aquél en el cual se plantea el viaje del hombre (candidato profano), desde las obscuridades de Occidente hasta la Luz de Oriente, lugar donde se sienta el V:.M:. quien preside la Log:. y cuyo comienzo tiene lugar en las entrañas de la tierra, simbolizada por la Cámara de Reflexiones, la que a su vez viene a ser la alegoría de la caverna convertida en útero. En dicho lugar, no penetra el Sol, pero preanuncia el nacimiento de un Sol interior, en otras palabras, el Sol verdadero que permite la germinación de la vida.

Siendo esto así, quien pasa por la ceremonia de Iniciación ha nacido dos veces, dándose el segundo nacimiento en el instante mismo en que el candidato, antes profano, recibe la Luz de la Francmasonería y pasa a ser miembro de la Orden con el Grado de A:.M:. No obstante, algunos autores (Moreno Moreno, 2019) sostienen que siendo la Masonería una orden iniciática, no hay consenso en su seno sobre el significado de la Iniciación, lo cual deviene de una actitud deliberada de los propios Masones.

A nuestro modo de ver y entender, creemos que lo descrito se explica en aras de la protección de los secretos de la Orden, de las miradas indiscretas del mundo profano, incluidos aquellos que son intrínsecos a la Iniciación. Sobre ello, debemos traer a colación que uno de los sabios consejos que se nos otorgó, durante las semanas y días previos a nuestra propia Iniciación, fue no buscar información sobre aquella en fuentes profanas, para “hacernos una idea”, ya que esta que podría ser equívoca, sino, prepararnos para vivirla y percibirla directamente con nuestros propios sentidos, sólo de ese modo podríamos comprender el verdadero significado de la Iniciación. Asimismo, consideramos válida la posición de Robert Lomas (Lomas, 2024), quien señala que el conocimiento secreto de la Iniciación es paradójico, puesto que el secreto de la Iniciación es precisamente, que no hay secreto, por lo que el A:.M:. luego de su Iniciación y una vez haber sido instruido en los primeros secretos de la Orden, debe continuar en la búsqueda de los verdaderos secretos, en su interior (el yo, en tanto Masón) y a partir de la constancia de su instrucción masónica.

Por su parte, un iniciado se asemeja a la piedra bruta arrancada de su cantera, la que representa al mundo profano, luego, recibe un conjunto de herramientas simbólicas, con las cuales, siempre bajo la supervisión del Segundo Vigilante y de los Maestros, asume el reto de convertir esa piedra bruta en una piedra pulida (cúbica o cuadrada). Queda claro entonces que, el significado de la Iniciación reside en la percepción que cada iniciado devenido en A:.M:. tiene de ella y de sus rituales; a esto debe agregarse que la ceremonia de aceptación del candidato, no es por sí misma la Iniciación, en otras palabras, no agota la Iniciación, por lo que dicho significado irá enriqueciéndose gradualmente en la medida de que se vaya avanzando en términos de instrucción masónica

III. CONDICIONES PARA LA INICIACIÓN

Las condiciones que debe reunir todo candidato apto para la Iniciación son las mismas que se exigen para ser Masón, las cuales se clasifican de la siguiente manera (Butler M., 1957):

a) Calificaciones Internas.

Son aquellas que nacen en el fondo del alma y permanecen en ella, hasta que el propio iniciado las pone en evidencia durante la misma ceremonia de Iniciación.

b) Calificaciones Externas.

Son aquellas que se pueden verificar objetivamente y que el propio candidato se encuentra en la obligación de acreditar.

  • Morales: Gozar de buena reputación, es decir, tener una imagen intachable ante la sociedad: Asimismo, es necesario ser creyente en un Supremo Hacedor, sin perjuicio de la religión que se profese, y, además, ser capaz de distinguir claramente entre el bien y el mal.

    Físicas:
    Edad: Haber cumplido con la mayoría de edad, con lo cual se garantiza que se trata de un hombre consciente de sus actos, sano juicio y moral estricta, no pudiendo ser una persona de edad muy avanzada.
    Cuerpo sano y mente sana: Contar con todas las facultades corporales y mentales intactas, vale decir, no sufrir de ningún tipo de discapacidad, tanto física ni mental.
    Sexo: Masculino. Sólo los varones pueden iniciarse en los misterios de la Francmasonería.

    Intelectuales: Contar con una preparación intelectual solvente que permita al iniciado estar a la altura del esfuerzo que suponen el estudio, la reflexión y la elevación espiritual; así como ser capaz de mantener la discreción y el misterio en el mundo profano, sobre el más mínimo detalle de la Orden.

    Políticas: Evitar incurrir en indiferencia política, asumiendo posturas que reivindiquen la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad, sin que esto signifique que se fomente su discusión en el seno de la Mad:. Log:.

    Finalmente, para la Iniciación, el candidato necesita ser un hombre libre y de buenas costumbres, condiciones imprescindibles para ser Masón, así como cualidades inherentes a todo Masón, las que deberá preservar a lo largo de su vida masónica.

IV. LA INICIACIÓN COMO PROCESO

Ese viaje iniciático ¿se agota en y con la ceremonia de Iniciación? ¿continua en los grados superiores? ¿culmina con el Adelanto o tal vez con la Exaltación? Estas preguntas buscan respuestas que permitan establecer si la Iniciación implica un proceso continuo, o por el contrario, comienza y culmina con la ceremonia, dando lugar a una etapa diferente. Hay autores que señalan que suele creerse que la ceremonia en la que el profano es recibido en nuestra Orden con el Grado de A:.M:. representa la verdadera Iniciación, no siendo ello así, ya que dicha ceremonia no supone otra cosa que una mera recepción. (Moreno Moreno, 2019)

Al respecto, a partir de lo que venimos aprendiendo en la Mad:. Log:. consideramos que la Iniciación es un proceso continuo y permanente, que si bien tiene su punto de partida en la ceremonia propiamente dicha, no se agota en aquella, ya que perdura y marca su camino a lo largo de la vida masónica, desde el Grado de Aprendiz, siendo el Adelanto a Compañero y la Exaltación a Maestro, hitos fundamentales, para finalmente coincidir su desenlace con la partida al Oriente Eterno. Ello porque la Iniciación trae consigo el aprendizaje continuado de los Misterios de la Francmasonería, el cual nunca culmina, pese al Grado que se ostente.

Este viaje iniciático tiene su alegoría en el Éxodo, por cuanto el Pueblo Hebreo, el cual representa al candidato a ser iniciado, quien, viviendo en la esclavitud del mundo profano, representado por Egipto, es conducido por Moisés, es decir, su propia conciencia y voluntad, a través del desierto, representado por la incertidumbre que produce el ingreso a la Orden asumiendo la responsabilidad que conlleva un conocimiento que nos hace libres, hasta la Tierra Prometida, es decir, la Luz de la Francmasonería (Callaey, 2004). Este viaje tiene un comienzo y se proyecta al Oriente Eterno, ya que nunca dejamos de aprender, nunca dejamos de pulir nuestra piedra bruta.

V. MI EXPERIENCIA EN LA INICIACIÓN

No quería terminar este trabajo sin dejar testimonio propio de mi Iniciación. Para empezar, debo confesar que siempre aspiré a ser Masón, talvez las circunstancias no se dieron antes, sin embargo, como reza el Eclesiastés bíblico, todo tiene su momento oportuno, por lo que he venido comprendiendo que mi momento oportuno es el que estoy viviendo con mis QQ:.HH:. de nuestra Mad:. Log:.

Al tomar una decisión trascendental, es natural que nos asalte cierta incertidumbre, mezclada con curiosidad y una pizca de temor, por los efectos que conllevan tal resolución; sentimientos que al entremezclarse le dieron un contexto especial a mi ingreso y espera en el Gran Templo, los cuales se vieron sublimados en el Cuarto de Reflexiones, puesto que fue en aquél ambiente en donde tuve ante mí la alegoría (en forma de cráneo) de que el viaje que estaba a punto de iniciar tendría su punto culminante en el momento Supremo en el cual deba arribar al Oriente Eterno a reunirme con los RR:. y QQ:.HH:. que me antecedieron.

El camino de los Pasos Perdidos, que recorrí con el apoyo de un Q:.H:. Oficial de la Log:., ataviado con la túnica blanca de la pureza, con una soga al cuello que simboliza la esclavitud de las taras propias de la vida profana y despojado de mmet:. para hacerme recordar que la condición humana trasciende posesiones materiales, hasta las puertas del Templo, para pedir muy humildemente, se me conceda la gracia de acceder a la Orden, me permitió comprender que siempre contaré con la mano fraterna de mis RR:. y QQ:.HH:. de Logia, en un marco de perfecta y recíproca Fraternidad.

El momento más Sublime, qué duda cabe, fue el Juramento ante el Altar, en presencia del V:.M:. y sobre el V:.L:.S:. a partir del cual se selló definitivamente mi compromiso de preservar y defender, con la vida si fuese menester, aquellos secretos de la Francmasonería que se me dieran a conocer a lo largo de mi instrucción masónica, es decir, mantenerlos como es debido, entre la Escuadra y el Compás.

Y fue entonces que se me otorgó el privilegio de nacer nuevamente, esta vez a la Luz de la Francmasonería, y como A:.M:. empezar a pulir mi piedra bruta y a dominar el ego, en tanto hombre libre y de buenas costumbres

QQ:. HH:. José Díaz

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